December 2006



Bueno, al fin llegamos de vuelta a casa. No sin antes haber pasado por las correspondientes 24 horas de viaje, que les contamos rápidamente a continuación.

1. Santiago-Dallas
En primer lugar, y por alguna extraña razón ya que nos habitual, Pato nunca se pudo poner a tono con los horarios de los vuelos y cuando finalmente logramos pasr policía internacional, resulta que escuchamos por los alto parlantes “ultimo llamado para Catalan Jeria”. Oh-oh,
tuvimos que correr un poquito para que cerraran la puerta justo detrás de nosotros.

El vuelo en sí resulto infinitamente mejor que el anterior, y de hecho los niños durmieron de corrido y sin mayores contratiempos, lo que permitiño que nosotros también pudieramos pestañear un rato. Incluso nos organizamos mejor para cenar y nos avispamos al pedir que sólo le dieran el plato de fondo a la Bea, claro que al final no comió nada después de comer sus french fries en el Gatsby de Santiago.

Llegamos a Dallas a las 600 de la mañana local, y recojimos las maletas e hicimos inmigración sin mayores problemas para nosotros, claro que sin faltar la enojadura de la Xime con una china teñida-“llubia” pseudo-asistente de inmigración que hablaba pésimo inglés y se portó muy grosera con otro chileno, que además era medio pasmado. Una vez calmada la Xime (menos mal, por que si no corriamos riesgo de que no nos dejaran pasar a nosotros), pasamos sin problemas.

De allí, a pasar la inspección de nuevo. Tratamos de seguir los consejos de la Xime (Catalán) y tantas veces recordados por la Abuela Magoo (quenita), de que dijeramos que teníamos niños para que nos hicieran pasar más rápido. PFFT! Todavía estaríamos esperando. No hicieron ni amago de acelerar nuestro paso. De hecho, ni siquiera ayudaron a una niña que tenía que embarcarse a las 7:00 en su vuelo de conexión, y estando en la fila eran las 7:00. Pato tuvo un sobresalto al perder momentáneamente los boarding passes, segundos después de haberselos pasado a una gringa que los verificó. Se manoseó entero y casi desvistió completamente para luego descubrir que los había guardado en el bolso de los pañales (que como luego verán, tenía de todo menos pañales).

Además, a Pato lo seleccionaron para meterlo en una especie de ducha de aire, como la de Don Francisco pero sin billetes, que nadie sabe para que era. Seguro era para el olor a patas, diría la Mariana.

2. Dallas, la espera
Casi sin contratiempos, salvo que Xime tenía casi pilucho al Max en el baño cuando se dio cuenta que en el bolso de los pañales no habían pañales (los habíamos ocupado en Santiago y el resto los teníamos en la maleta de mano).

3. Dallas-Portland
Subimos al avión, muy contentos al principio porque nos habían dado la primera fila, así que teníamos espacio de más para los pies. Claro que eso se transformó en algo-no-tan-bueno al darnos cuenta que no podíamos levantar el apoyabrazos, algo vital para que la Bea durmiera. De paso, ella aprovechó de pasar una cuchara llena de yogur por los pantalones de Pato. Después, ya volando, nos dimos cuenta que además de pañales el bolso tampoco tenía la comida de Max, pero menos mal que la teníamos en la maleta que estaba en los compartimentos de arriba pero que sacarla era un lío, aunque logramos sacarla y que la comiera. Al final, Max durmió un poco y Bea decidió quedarse dormida faltando 30 minutos para aterrizar (y esa era su tradicional siesta de dos horas!-problemas en el horizonte)

4. Portland-Aterrizaje
Todo el vuelo había sido con sol, pero faltando menos de dos kilometros para aterrizar, apareció la neblina más densa que hayamos visto, de tal forma que el suelo no se vió hasta 15 segundos antes de aterrizar. Terrorífico, por eso se los comentamos. Bea despertó con la frenada, llorando obviamente.

5.Portland- La locura.
Resulta que habíamos llegado adelantados, y como estábamos de relativamente buen ánimo, tratamos de planear cuál sería el movimiento más inteligente. La situación era la que sigue:

  • El auto estaba en el estacionamiento más barato, al que se llega en bus (gratis)
  • La temperatura era 0 C.
  • Teníamos 4 maletas, más los asientos de los niños, más la mochila de la Bea y el bolso de los pañales, que no tenía pañales ni comida (que cresta tenía ese bolso??). Ah, y además el coche.
  • Bea idiota por el sueño, Max y su semi-movilidad.

Así que Pato decide lo siguiente. Por favor digan que están de acuerdo: El va a buscar, solo, las maletas y asientos de auto a la cinta de entrega, desde donde partirá a tomar el bus para ir a buscar el auto, hacer andar el auto y traerlo al estacionamiento cerca del aeropuerto para que así los niños y la Xime no se enfríen. Al mismo tiempo, la Xime va con los niños a comer algo, ya que es el equivalente a las 5 de la tarde de Chile, asi que hacía hambre. La idea es comer en el aeropuerto y así viajar más tranquilos a Corvallis, con una preocupación menos. Como plan genial no?

Hell breaks loose (expresión gringa para decir “quedó la ca*á”)

Cronología de los hechos:
10:05 Nos separamos para ir cada uno por su parte, Pato baja a buscar las maletas llevándose consigo la maleta chica de mano, sin pensarlo mucho.
10:10 La maldita cinta todavía no parte entregándo las maletas. Pato arrienda un carrito para poder llevarse todos los bultos.
10:11 Bea empieza a armar un escandalete cerca del patio de comidas porque quiere “Cake” (pastel) y al papá. Xime decide que por lo menos el cake puede ser solucionado y se lo compra. Se sientan y mientras le abre el envoltorio a Bea y saca un pañuelo desechable, Max decide que el envoltorio de los pañuelos desechables Fasa es sumamente apetitoso y se lo echa a la boca para darle una probadita.
10:12 Max, como buen tiburón que prueba todo con la boca, se empieza a ahogar con el pedazo de plástico y comienza a hacer arcadas. Xime, mientras la Bea sigue pidiendo Cake y al papá, comienza a ponerse histérica al ver que Max hacía arcadas. Con el dedo índice hasta el duodeno, logra sacarle el plástico de la boca a Max, que procede irrespuetuosamente a vomitar sobre la linda alfombra roja del aeropuerto y los pantalones de Xime.
10:15 Pato ha logrado sacar las tres maletas grandes, pero los amermelados de las maletas deciden que los asientos de niños (que había un montón en el vuelo), son lo último en entregarse. Espera pacientemente.
10:30 Con la demora, Pato piensa que quizás es mejor subir con las maletas que tiene, comer e irse después todos juntos a buscar el auto. Cuando ya iba a hacer eso, le comenta a una señora que los asientos de niños no salen nunca. Dos minutos después, comienzan a aparecer los asientos y Pato exclama “Here they come” (ahi vienen). La señora inexplicablemente agarra el primer asiento y se lo pasa a Pato, que con cara de punto le dice que no es de él, y ella tampoco entiende nada y lo devuelve a la cinta. Dado que Pato ve que todos los asientos comienzan a salir, decide volver al plan original. Finalmente, saca los asientos y enfila hacia el bus.
10:32 Bea está bañada en chocolate del famoso cake.
10:34 Pato se sube al bus, deja el carro que arrendó y parte hacia el estacionamiento barato.
10:39 Pato llega al estacionamiento barato y se da cuenta que no tiene carro alguno para mover las 4 maletas y los dos asientos hasta el auto (ubicado como a 400 metros). “Y ahora que cresta hago?” Se las ingenia para amarrar las maletas de a pares y subir un asiento a cada uno, y las tira de espaldas hasta llegar al auto. Infla el pecho orgulloso de la buena idea. Mientras tanto, Bea baila al son de un piano en vivo.
10:41 Pato logra hacer andar el auto y inicia el proceso de carga del auto. Con el frío (0 grados recuerden), el pistón que sostiene el la puerta del portamaletas no funciona al 100% y se le cae dos veces en la frente (un “conchetumadre” suavecito sale de su boca cada vez). Como le quedan aun un par de neuronas, decide que colocará todas las maletas en el lafo izquierdo, para poder dejar espacio al coche. Las coloca bien apegadas al asiento de atrás.
10:44 Xime comienza a pasarse rollos de que raptaron a Pato o que se había robado el auto o que el auto no partía o que los marcianos había abducido a Pato o cualquier otra cosa. Comienza a pensar como volver a Corvallis.
10:44 Pato inicia la colocación del asiento de Bea, que va al lado izquierdo del auto. Primer problema, se da cuenta que las maletas no le dejan acceder al gancho de seguridad del piso (que es necesario para afirmar bien el asiento). Estrujando la mano ( y garabateando un poco), logra enganchar el cable.
10:46 Ahora Pato trata de colocar el cinturón de seguridad para afirmar el asiento. Tira y tira y no alcanza. Que diablos pasa?? Tira más fuerte, y naca. Transpirado como caballo de bandido, se da cuenta que al enganchar el cable de seguridad, también enganchó el cinturón de seguridad y lo recortó 10 cm.
10.47 CONCHADETUMA****EEEEEEE. AGGHHHH. Las malditas cuatro maletas apenas dejan a Pato meter la mano para soltar el cable de seguridad.
10.48 Xime aun piensa como volver.
10.49 AAAGGGGGHHH. RECON%&W%/%/ !!! Pato logra sacar el cable y soltar el cinturón. Ahora la fruncia es volver a colocar al bendito cable.
10:51 Pato se tiene que tirar de guata sobre el asiento para poder engancharlo. Aun así, se da cuenta que tiene que reclinar un poco el asiento y empujar todas las maletas
10:52 Ahora toca el asiento de Max. Maldición!!! El auto de al lado está pegado. Hay que colocarse en el camino para poder instalar el asiento de Max. Este asiento causa menos problemas (sólo 3 o 4 garabateadas a todo pulmón).

11:05 Una hora después de separarse, la familia se reúne.
11:06 Xime parte con Bea al baño, para cambiarle los pañales. En el baño, se da cuenta que en el bendito bolso no hay pañales!!! Y los pañales ahora están en el auto! AAAGGGG. Decide “reciclar” el pañal y le enchufa pañuelos desechables FASA (Farmacias ahumada, S.A.) como liner del pañal.
11:12 Decidimos separarnos de nuevo. Esta vez Pato se va con los dos niños y el coche a buscar mesa, mientras Xime compra comida china.
11:18 Xime hace la cola de la comida china. Cuando le toca su turno, no le entiende ni jota a la dependiente, asi que pide cualquier cosa, apuntando con los dedos.
11:12-11:20 Pato trata como puede de maniobrar el coche con los dos niños (Max en brazos y Bea a pie) entre el mar de mesas, que están todas ocupadas. En algún momento Bea decide subirse al coche, pero no sin antes ser atropellada por él, y obviamente se sube sin abrochar el seguro. Pato finalmente coloca a Max en el asiento del coche, y Max decide que el pastel de la Bea no esta rico y lo bota al suelo, con lo que la bea alega. Finalmente, una gringa se para y logran ubicar una mesa.
11:21 Xime llega con la comida. Bea quiere jugo, pero Xime sólo trajo agua. Bea, de rodillas en la silla, comienza a beber y por alguna mágica razón, decide que es mejor estar sentada. Claro que lo hace mientras bebe, así que se da una ducha de agua. Resultado, toda la ropa mojada, así como el pantalón de Pato. Menos mal que tenemos ropa de repuesto. Donde está? En el auto, en la maleta de mano. Inútil. Pato revisa el bolso de los pañales, para encontrar que no tiene ni pañales, ni ropa de repuesto, ni comida para Max.
11:22 La comida que eligió la Xime pica hasta el tuétano. Claro, si el ají más chico era del porte del tenedor. Hasta ahí no más la idea de compartir con Bea, y Xime se pregunta que cresta le damos a la Bea, que pide a todo pulmón noodles (tallarines). Al final le damos los que parecen estar menos contaminados, y no alega nada hasta la última cucharada.

Finalmente, nos vamos al auto. Al llegar al auto, Bea la reconoce y dice “See Yukas y Mateio?” . Se va todo el viaje lloriqueando de que quiere ver a sus primos.
por suerte, no llovía y el diá estaba asoleado. Oregon se veía más verde que nunca y eso hizo el viaje de vuelta bien llevadero.

24 horas después de salir de Viña, estamos finalmente en casa.


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